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Haciéndome a mí mismo


Hoy he vuelto a correr, hacía unos tres meses que no salía y me ha hecho gracia descubrir que el proceso mental que sigo es el de siempre, el habitual:

  1. Empiezo con precaución, la primera canción que escucho al comenzar el trote es motivacional, pero tampoco puede serlo demasiado o me entusiasmo muy rápido y corro por encima de mis posibilidades hasta que paro al minuto.

  1. Si todo sigue el curso adecuado entro en la fase en que aún no estoy cansado y debo evitar pensar y justificar por qué he salido a correr. Si entro en esa dinámica estoy perdido (nunca encuentro argumentos suficientemente efectivos como para continuar). Normalmente me centro en intentar parecer deportivo, DINÁMICO y muy hecho al sufrimiento que estoy a punto de experimentar.

  1. A la que llevo unos veinte minutos me acostumbro al ritmo de mis pasos y me encuentro completamente metido, un poco hipnotizado por el transcurso de la carrera. Este es el punto en el que me asaltan pensamientos intermitentes, fugaces pero muy intensos: me creo invencible y pienso que en realidad, lo de correr tampoco se me da tan mal, asumo que podría seguir durante horas y que soy un hombre duro como el acero, determinado como Rocky.

  1. Quince minutos más tarde descubro que me mentía bajo los efectos de algunas endorfinas liberadas antes de tiempo, empiezo a dudar de si soy tan duro como creía y comienzo a pensar que debería bajar un poco el ritmo para administrar fuerzas.

  1. Diez minutos después recuerdo por qué llevaba tres meses sin correr: se me empieza a nublar la cabeza, los pulmones me arden como el carbón y me cabreo conmigo mismo por ser tan blandengue. Suerte que esto me suele empezar a pasar los últimos 15 minutos antes de llegar a mi meta; cuando ya estoy tan cerca del final que mi mente puede permitirse el lujo de relajarse y dejar que me duelan todos los órganos imaginables.

  1. Acabando la carrera, empiezo a ver al final del camino la farola que he decidido considerar mi línea de meta. En vez de pensar en positivo que solo me quedan unos 20 segundos, pienso algo así como “no hay manera de que consiga llegar vivo al final, probablemente la palme de aquí unas tres respiraciones más, no puedo, no puedo, no puedo”

  1. Al fin consigo llegar, LLEGO, TRIUNFO. Más que sentirme realizado me siento como una gran mierdecilla y juro que no volveré a correr, que yo no estoy hecho para este sacrificio.

Normalmente este proceder suele ser cíclico, lo que quiere decir que por alguna extraña razón acabo volviendo a exponerme al cabo de unos días, repitiendo de nuevo todo el proceso desde cero. Supongo que será por el tema de mis empachos de libros de autoayuda o por la gran fuerza que me concede cualquier vídeo motivacional de medio pelo que encuentre pululando por youtube…




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